Susana Díaz me crispa

Reconozco que Susana Díaz me crispa. No sé qué hay en ella, pero cada vez que la oigo me pongo malo. Malito, que diría ella. Quizás es su mirada oscura o su tono crispante, o tal vez su escaso discurso político. Su mirada constante a la cámara durante el debate a tres me resultó  de lo más incómodo. No entiendo qué ven en ella tantos y tantos socialistas que la consideran la salvadora del PSOE.

Tampoco ayuda que se presente en sociedad entre los aplausos de Felipe, Zapatero, Rubalcaba o Guerra, individuos anacrónicos que confundieron hace mucho el interés común con el interés propio. La regeneración democrática no era esto. No era un regreso a los tiempos del socialismo post-transición, a los días de gloria de la rosa. España, su España, ha mutado en algo distinto. Y sería hora de darse cuenta.

Susana no tiene ningún tipo de carisma más allá de su Andalucía, de su casa, desde donde pretende saltar hasta Madrid, previo ataque verbal a Cataluña. Qué fácil es ganar un puñado de votos. ¡Los de Podemos son populistas!, dicen. ¿Y Susana? Su abrazo con los fósiles socialistas es tropezar con la misma piedra que hizo caer a Pedro Sánchez. El exsecretario general quiso quedar bien con todo y con todos; con Cataluña, con España; con el IBEX, con los sindicatos; con los centristas y con los izquierdosos. Y en tiempos de cambios, las ambigüedades penalizan.

Sánchez no consiguió tanta aprobación en sus años de líder del partido como en el día que se fue del Congreso para no salir en la foto de la abstención. La abstención de Susana, Felipe y los grandes tótems, por cierto. Aunque hay algo en el tono de su discurso que sigue sonando vacío. Demasiado artificial.

Del debate a tres, me quedo con Patxi López. Se ganó la simpatía del socialista perdido por su aparente naturalidad y no le costó golpear fuerte. Cuestionó a Sánchez y minimizó a Susana. Pero su discurso fluía, y el buen rollito con el que le trataron sus oponentes evidenció que su candidatura no dejaría al PSOE partido en dos en caso de ganar la votación. Aunque su tono ha invocado en alguna ocasión al “AquíNoHaPasadoNada” y “MiremosHaciaAdelante” que tanto daño hizo en la Transición.

El futuro del PSOE se decide el próximo domingo. Y no sé por qué, pero me imagino un ejército de autocares dispersándose por la geografía andaluza para llevar arriba y abajo a todos aquellos militantes que aún votan socialista en honor a Felipe. Al Felipe de 1982. Al Felipe de bronceado sospechoso y que apoya a Susana, que reconozco que me crispa.

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