El Barça está enfermo

El Barça está enfermo. Algo ocurre en su sistema porque no hay respuesta alguna al apagón del último mes. Los partidos se reducen a las reacciones finales y aquellos que debían copar los tres cajones del Balón de Oro han desaparecido. No están. Y lo más grave es que día tras día parecen más extraviados. No se les espera. “Los jugadores están ahora en un estado de agitación”, explicó Luis Enrique para no valorar la actuación del equipo. Su mensaje fue poco convincente y desprendió la idea de que algo malo pasa ahí dentro. Falta de confianza y sospechas mutuas.

La temporada aún sigue viva, y se debe recuperar el pulso vital para que la infección no alcance la Liga ni la Copa. Un doblete sería un gran éxito en la segunda temporada del técnico en el banquillo, aunque una Champions League blanca reduciría el mérito a la mitad. Cosas del estado de ánimo, que dijo aquél. Pero que el árbol no impida ver el bosque.

El fracaso en Europa es un aprendizaje para el futuro. El triplete se fraguó el año pasado cuando se aparcaron las rotaciones y el tridente engrasó su conexión. Messi volvió a sorprender desde la izquierda y Suárez fue como la noche después de muchos días con el argentino como falso nueve. En el tramo final de temporada, City, PSG, Bayern y Juventus hincaron la rodilla ante un equipo fresco y alegre.

Esta temporada el proceso ha sido inverso. El Barça feliz apareció en el inicio de temporada y a la hora de la verdad las piernas pesaron y la cabeza ralentizó sus pensamientos. El equipo decidió pisar las mismas huellas que dejó el Real Madrid de Ancelotti la temporada pasada. Y su destino ha sido el mismo. Final antes tiempo por una grosera acumulación de minutos.

El planteamiento de Luis Enrique fue continuista. Una vez enriquecido el equipo con un perfil más vertical, pactó con el tridente jugarlo todo a cambio de indecentes rachas de victorias. Todo funcionaba a la perfección. Pero por distintos motivos los triunfos se disiparon y el tridente siguió en el campo. El Barça ha entrado en barrena. El acuerdo del vestuario, el winwin que todos aplaudimos, se rompió indirectamente, pero el tridente siguió jugándolo todo. Unos no estuvieron a la altura  y desde el banquillo se no se movió nada. Tampoco es que en el banco hubiera excesivos recambios de garantías. Pero apostarlo todo a los de arriba tenía un riesgo y ahora se paga la apuesta a un precio muy alto.

Más allá de los resultados negativos, el problema es la sensación de que el mensaje de la caseta no encaja. El equipo ha perdido la seguridad para encontrar las herramientas para distintas situaciones. Se contemplan escenarios coloreados de juego asociativo con tonos más verticales, sin encontrar la harmonía perfecta. Mientras Iniesta busca socios para expresarse con el balón, Mascherano patea la pelota a un Suárez marcado por dos defensas. Algo no cuadra.

El Barça pide a gritos un remedio. Y de momento nadie lo encuentra.

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