La metáfora de Piqué (y su Periscope)

Piqué es un tío listo. Es guapo, rico y bueno; pero sobre todo listo. Y no me refiero a su archiconocido coeficiente intelectual de 170 ó 140, qué más da; sino a su manera de comportarse. Justo cuando los medios de comunicación tienen el acceso restringido a todo lo que huela a futbolista azulgrana, va y se saca de la manga el Periscope. Es la tercera ocasión que el central conecta después de un partido con los aficionados a través de la aplicación; y ya no solo pudimos charlar con él, sino que mostró al mundo a los Messi, Mascherano y compañía como pocas veces antes. En el avión y esperando el despegue. A lo natural.

El planeta tiene acceso directo a las intimidades del vestuario mientras aquellos oficiantes que acompañaban al equipo en nombre del saber y de la información imploran entrevistas y encuentros denegados. Los futbolistas no aparecen por los platós de televisión ni por los estudios de radio. “Lo sentimos”, responden gabinetes de prensa convertidos en cordones de seguridad. Es la paradoja de las nuevas autopistas de la información. Cuando más rápido se expande la realidad, más cojos andan los medios. Faltan ruedas, o quizás manos hábiles que dirijan el volante.

Piqué conecta con sus fans sin necesidad de un micrófono y una grabadora. Tiene sus propias herramientas y las conoce a la perfección. “Prefiero expresarme en Periscope, que no hay malentendidos y está todo entero”, reconoció en su comparecencia digital tras el choque contra el Rayo. Su lógica es la misma que utilizó ElRubius tras una entrevista a la revista PAPEL de El Mundo, cuya edición no le gustó. “La prensa manipula y quiere ser llamativa para vender más, no para informar. No voy a hacer mas entrevistas. Si quiero contar algo lo haré en mi canal, que para eso está”, sentenció en un vídeo titulado Cansado de la Prensa.

Las reflexiones del futbolista y el joven youtuber no son gratuitas. El periodismo deportivo ha evolucionado en algo que muchos no reconocen. Ondean las bufandas y se portan escudos en el pecho. Ya no se esconden los colores, y a falta del surtido de información, taza de entretenimiento. Infotainment, lo llaman los gurús de la comunicación. Y a vituperar al enemigo, sea blanco, azulgrana, rayado o liso. Todo vale.

Los medios generan contenidos mientras blasfeman contra los vestidores tapiados. No les falta razón, aunque la duda es si el vínculo se rompió cuando los periodistas olvidaron su neutralidad o cuando cerraron las ventanas de los estadios. Criticar la dimisión institucional de los clubes sin mirarse el ombligo es como criticar Über por restar clientes a los taxistas. Yo estaba antes o si lo prefieren, antes vivíamos mejor.

Cuando los hábitos sociales se mueven significa que algo pasa. La gente pasó a cooperar para dejar de pagar y Piqué decidió convertirse en su propio altavoz. Sí, algo pasa. El periodismo paga la evolución tecnológica como en su día los artesanos se diluyeron entre fábricas y cadenas de montaje. Quizás el periodista tenga alma de orfebre más que de patrón.

Y sí. Claro que aún paseamos por románticas muestras de artesanía mientras los artistas sonríen a la espera de vender la mercancía. Pero el periodismo no puede convertirse en una admirada pieza de museo. Hagamos caso a Piqué. Es guapo, rico y bueno; pero sobre todo listo. Su Periscope esconde respuestas.

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