El fútbol alemán sigue sin mirar al Este

Cuando el Energie Cottbus no superó en 2009 la eliminatoria de permanencia contra el Nürnberg, la Bundesliga perdió el último representante de la antigua RDA en la élite alemana. Desde entonces, ningún otro equipo del Este ha conseguido el acceso a la primera división teutona, y actualmente solo el RB Leipzig y el Union Berlin aguantan en la Bundesliga 2. Es el peor registro desde la reunificación de las dos ligas alemanas. Nunca el fútbol germano había virado tanto hacia el Oeste.

No es que el Energie, que tiene a Angela Merkel como socia de honor, fuera un equipo potente cuando el Muro era infranqueable. El club de Cottbus no había destacado en los años de la Oberliga, a diferencia de conjuntos más tradicionales como el Dynamo de Dresden y el FC Magdeburg, actualmente en tercera división; o el BFC Dynamo y el Carl Zeiss Jena, en cuarta. Entre todos ellos consiguieron más de la mitad de los 42 campeonatos disputados desde 1949, pero a nivel internacional no alzaron ningún triunfo más allá de la Recopa del Magdesburg en 1974 contra el AC Milan de un jovencísimo Trapattoni.

El fútbol al otro lado del Telón era un reflejo de cómo era la sociedad del Este: triste, gris y politizada. La Stasi, el servicio de inteligencia del régimen comunista alemán, actuó desde las sombras para que la competición se desarrollara según convenía para que el deporte fuera la herramienta perfecta para resaltar la identidad nacional.

El jefe de los espías alemanes no era otro que Erich Mielke, curiosamente el presidente de la Asociación Deportiva Dynamo. Aquella organización refundó el equipo de Dresden, que creció con las subvenciones policiales con el nombre de Dynamo de Dresden. Consciente del potencial del equipo, campeón en 1953, Mielke lo trasladó al año siguiente a Berlin con el fin de construir un club potente en la capital. El país requería un arma deportiva visible más allá de sus fronteras y el Dynamo de Berlin fue la gran obra gubernamental. A pesar de unos inicios titubeantes, el nuevo juguete de Mielke venció todas las ligas desde 1979 a 1988 en medio de escándalos y sobornos arbitrales, lo que generó animadversión entre el resto de aficiones. Su rival ciudadano, el Union Berlin, increpaba al Dynamo al grito de “No queremos cerdos de la Stasi”.

Del Dresden poco más supo hasta que escapó del légamo de las divisiones inferiores y recuperó en la década de los 70 las glorias del pasado, convertido en uno de los clubes más populares de la RDA. Precisamente los sajones fueron los únicos que se clasificaron junto al Hansa Rostock, otro club de oscura creación, para la Bundesliga de 1991 tras la desaparición de la Oberliga.

La historia del Hansa también destapa el uso prosélito del fútbol de la época. Un político de Rostock, Harry Tisch, molesto por la ausencia de clubes competitivos en la ciudad, trasladó desde las montañas a un modesto equipo de primera división, el Empor Lauter. El transporte se realizó de madrugada para no despertar las iras de los vecinos, algo que no consiguieron, y a partir de la siguiente temporada aquel conjunto pasó a denominarse Empor Rostock, el futuro Hansa.

Tal era el impacto que llegó a tener el futbol en la sociedad de la Alemania Oriental que la Stasi creó una extensa red de espías que informaba desde las entrañas de los vestuarios. Los propios jugadores eran los encargados de delatar a sus compañeros en medio de aquel espiral de sospecha endogámica. El máximo goleador de los últimos tres campeonatos, Torsten Gütschow, colaboró con la Stasi durante su carrera en el Dynamo de Dresden, al igual que su compañero de equipo, Ulf Kirsten, habitual en la Mannschaft durante la década de los 90. La inteligencia de Mielke quería evitar casos como el de Lutz Eigendorf, el futbolista que no volvió en 1979 al hotel del Dynamo de Berlin y desertó a la Alemania Federal. El jugador murió cuatro años después en un misterioso accidente de coche cuando defendía la camiseta del Eintrach Braunschweig, equipo occidental, y los documentos desclasificados certificaron que la Stasi estuvo detrás del suceso.

El Muro cayó en 1989 y con él cayeron la República Democrática, la Stasi, Erich Mielke y la propia Oberliga. La estructura deportiva de la RFA absorbió a los deportistas y competiciones del Este, y la Bundesliga repartió a los 14 participantes de la última Oberliga entre sus tres primeras divisiones. No obstante, el resultado de estos equipos fue tan pobre como los recursos económicos de sus territorios. En el primer año de convivencia transversal había ocho representantes de la RDA entre las dos primeras divisiones; al cabo de cuatro años solo quedaban cuatro, y en 1999, dos.

La diferencia entre el futbol del Oeste y el del Este es la misma que existe entre ricos y pobres, y el mejor ejemplo es la evolución del RB Leipzig: en 2009 recibió el apoyo financiero de la empresa Red Bull cuando vagaba en la quinta división, y desde entonces el equipo ascendió repetidamente hasta luchar a día de hoy por el liderato de la Bundesliga 2. El equipo sajón es la gran esperanza para el renacer oriental. Tras 25 años de la reunificación del país, el fútbol alemán sigue sin mirar al Este.

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