De Sergi Guardiola a Bert Trautmann

Toni Padilla escribe hoy sobre las consecuencias del mal uso de las redes sociales. Qui la fa la paga, titula, y explica la responsabilidad de los equipos y jugadores para mostrar una imagen coherente. Ciertamente los tuits de Sergi Guardiola fueron motivo suficiente para echar al chico, pero su historia me recordó la que vivió Bert Traumann, el mítico portero que había luchando en la Luftwaffe de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y que se convirtió en leyenda bajo los palos del Manchester City. Ésta es su historia: 

 

ChurchillEl sol iluminó el Whitehall de Londres a las 6:18 de la mañana del 8 de mayo de 1945 y los primeros transeúntes se acercaban desde Trafalguar Square y Parliment Sqaure con una sensación de ligereza olvidada desde hacía seis años. Un  anhelado mensaje radiofónico les había empujado a abandonar sus casas y a llenar las calles con rumbo al Ministerio de Salud. Centenares de londinenses compartían su felicidad y alegría a la espera de que la puerta del balcón se abriera. Al cabo de un rato, un rostro conocido apareció alegre bajo su sombrero y con un puro entre los labios. Winston Churchill, el primer ministro británico, saludó aquel gentío e inicio su icónico discurso: “This is your victory!”, gritó. La Segunda Guerra Mundial ya era historia y aquel día pasó a los anales como El Día de la Victoria en Europa.

A 30 kilómetros de aquel episodio de júbilo, en el improvisado campo de prisioneros de Kempton Park, un joven de 21 años pasaba el tiempo arreglando camiones y colaborando en las granjas de los alrededores. Bert Trautmann no era otro que uno de los muchos presos alemanes que habían sido capturados y depositados en campos de prisioneros a la espera de un juicio, la libertad o la muerte, y su tarea consistía  en ganarse la compasión de aquellos que habían sido sus enemigos horas antes. La rendición alemana, de su Alemania natal que había defendido en el frente, le garantizaba más probabilidades de salir vivo. Quizás aquél también fuera El Día de su Victoria.

Trautmann cumplía perfectamente el prototipo físico germano. Cuando Hitler fantaseaba con la raza aria, quizás pensaba en alguien como aquel chico. Era alto, rubio, y tenía una mirada azul ciertamente atractiva.  Sus cualidades atléticas le permitían competir en los partidos de futbol que los propios prisioneros organizaban en Garswood Park, su último hogar entre vallas y espinas. Fue precisamente en uno de aquellos partidos cuando Trautmann empezó a escribir, sin saberlo, una de las historias más mágicas de hermandad y conciliación en la historia del fútbol. El guardameta de su equipo le cedió esporádicamente el sitio porque Bert se dolía de un golpe y su actuación fue tan brillante que no volvió a sacarse los guantes nunca más.

El mundo empezó a reconstruirse tras años de barbarie descontrolada y las Naciones Unidas elaboraron en 1948 la Declaración de los Derechos Humanos el mismo año que Trautmann salió de Garswood Park para no volver. Sin intenciones de regresar a casa, Gran Bretaña se convirtió en su nueva tierra. El ex prisionero encontró trabajo en los campos de Lancashire, y su experiencia en el frente le sirvió para desactivar explosivos que aún aguardaban víctimas sin distinción de origen. La guerra aún era tan visible en los pueblos y ciudades como imborrable en las mentes de la población.

A principios de 1949, como si de un guiño al pasado se tratara, a otros 30 kilómetros de la vida rural de Lancashire, los dirigentes del Manchester City trataban de convencer a Frank Swift, su leyendario portero y el primer capitán de los Three Lions desde 1873, para que no se retirara. Swift era toda una institución de los citizens que con solamente 20 años ya había sido titular en 1934 en la segunda FA Cup de la historia del club.  Su relevo estaba generando muchos problemas, sobre todo desde que su teórico suplente, Alec  Thurlow, tuvo que colgar las botas por culpa de una tuberculosis que le quitaría la vida en 1956.  Frank Swift aceptó alargar su carrera deportiva con la condición de que el club encontrara cuanto antes a un heredero de garantías. El City se puso manos a la obra y empezó a peinar el mercado.

Por aquel entonces unSTHelens modesto club llamado St. Helens Town atraía a centenares de aficionados seducidos por la presencia de un portero excepcional que con sus actuaciones ascendió a su equipo a lo que actualmente es la North West Counties League, el equivalente a la novena división inglesa, y ganó el 7 de mayo de 1949, la George Mahon Cup, el primer trofeo de la historia del club. El guardián del arco del St. Helens era el mismo hombre que asombraba en las porterías de Garswood Park y que celebró su particukar Día de la Victoria cuatro años después de que Churchill anunciara al Whitehall el fin de la guerra. El City no dudó. Bert Trautmann era el hombre ideal.

 

Lo que el joven alemán no esperaba eran las consecuencias de su fichaje. Al día siguiente del acuerdo, la prensa recordaba su pasado. “El City ficha a un ex prisionero de guerra”, tituló el Daily Telegraph. Los periódicos de la ciudad recibieron una multitud de cartas quejándose por su fichaje y 25.000 personas se agruparon a las afueras del Maine Road, el estadio del club, con pancartas y lemas contrarios a su llegada. “Cuando pienso en todos los millones de judíos muertos y torturados, solo puedo admirar la crasa estupidez del City”, escribió un anónimo “disgustado abonado de temporada”. Otro lector iba en la misma línea: “He sido seguidor del City durante 45 años, pero si este alemán juega, pediré el boicot al club”.  La ciudad tenía una gran comunidad de judíos que habían sido perseguidos durante la guerra y el nuevo fichaje reabrió tiernas heridas sin cicatrizar.

Ciertamente el pasado de Trautmann había sido muy oscuro y su reciente presencia en el campo de Garswood Park se explicaba por su actividad bélica en la Luftwaffe, la fuerza aérea nazi. Había formado parte de una organización próxima a las Juventudes Hitlerianas y no dudó en participar en el conflicto como paracaidista. En el libro Trautmann’s Journey de Catrine Claye, se sugiere que Bert tuvo que ser un letal combatiente para conseguir la Cruz de Hierro de Primera Clase, una de las máximas condecoraciones militares de la Alemania de Hitler.  Los aficionados del City tenían razones de sobra para maldecir el nuevo fichaje y su hostilidad hizo dudar al mismo jugador.

WestwoodBrautmannEl Manchester City no solo no era uno de los mejores equipos de las Islas, sino que aquel año no pudo mantenerse en la First Division. Durante todo aquel año, Trautmann fue objeto de la ira y los insultos de los aficionados cada vez que jugaba fuera de casa. No obstante, su rendimiento fue silenciando las críticas y empezó a ganarse una reputación que duraría las 15 temporadas que estuvo en el equipo. La alargada sombra de Swift se diluyó con el paso de los primeros partidos y el portero alemán conectó con sus propios aficionados. El enemigo del reino se fue convirtiendo en un defensor de la causa citizen y el Maine Road le aceptó como aliado.El propio Frank Swift ayudó a la integración de la nueva adquisición en el vestuario. “Sal ahí fuera e ignora la gente por completo. Ni les mires”, le aconsejó  el día de su debut. Otro que salió a defender a Trautmann fue el capitán del equipo, Eric Westwood. “No hay ninguna guerra en el vestuario”, comentó con la prensa durante aquellos días. Las palabras de Westwood tenían un gran valor no solo por portar el brazalete, sino por haber luchado en las playas de Normandía junto a los Aliados. Nadie mejor que él pudo calmar la tensión en el equipo.

Al fin y al cabo, el propio jugador se había integrado muy bien en Manchester, y no dudó en recordar la importancia que tuvo el país inglés en su crecimiento: “Cuando me preguntan sobre mi vida, yo digo que mi educación empezó cuando llegué a Inglaterra. Aprendí lo que era la humanidad, la tolerancia i el perdón”.  La tolerancia y el perdón las aprendió el día que algunas familias británicas compartieron la cena de Navidad con los prisioneros de su campo; y la humanidad tras visionar un vídeo de lo que realmente sucedió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, conocido por el diario de Anna Frank. “Mi primer pensamiento fue: Como mis compatriotas pueden hacer cosas como esta?”, reconoció. Trautmann empezaba a sentirse británico.

El portero solamente se perdió cinco de los primeros 250 partidos con el City y se convirtió en 1956 en el primer guardameta en recibir el England’s Footballer of the Year tras el mejor año del equipo desde su única liga veinte años atrás. En aquella temporada, el Manchester City se plantó a la final de la FA Cup contra el sorprendente Birmingham y consiguió resarcirse de la derrota del año anterior gracias a la hazaña histórica de su guardameta.

bert-TrautmannCon un 3-1 favorable en el marcador y a falta de 20 minutos, el delantero rival Peter Murphy se encontró con un balón franco dentro del
área para reducir diferencias, pero Trautmann apareció de la nada para reducir ángulos y capturar la pelota. “Fue un choque de trenes”, explicó el guardameta con los años.  El portero quedó inconsciente por el golpe pero al cabo de unos minutos se incorporó sobre el terreno de juego. En aquella época no había sustituciones y el City habría tenido que poner a un jugador de campo bajo palos, pero el alemán tiró de épica y aguantó el resto del partido como pudo. Trautmann, simplemente, no tenía idea de la magnitud de su lesión; no sabía que el insoportable dolor que sentía era por la ruptura de una de las vértebras de su cuello. El futbolista tampoco era consciente que cada salida y jugada posterior ponía gravemente en riesgo su integridad física. Como en sus años en la Luftwaffe, el objetivo común pesó más que sus necesidades, y como entonces, no era consciente del peligro que corría. Las pruebas y radiografías determinaron el alcance de la lesión y el futbolista se  sinceró: “Si lo hubiera sabido no hubiera seguido jugando”.

El trofeo voló a Manchester y la parada que a punto estuvo de costarle la carrera fue considerada la mejor parada de la historia de la FA Cup. Su trayectoria quedó marcada por el incidente e incluso la Reina le preguntó al respecto en 2004 cuando le nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico.

Bert Trautmann se retiró en 1964 en un partido de despedida que combinó diversas estrellas de la First Division. Bobby Charlton, allí presente, aseguró que “fue el mejor portero al que me enfrenté”.

Fuera o no fuera el mejor, Trautmann reflejó a través de su vida los cambios sociales, culturales y políticos del continente, y consiguió convertir su derrota El Día de la Victoria  en  Europa en el inicio de una mágica historia que acabó una mañana de verano de 2013 que esperaba la salida del Sol a las 6:44 de la mañana.

 

 

 FOTOGRAFÍAS

  • Winston Churchil se dirige a la muchedumbre en el Whitehall de Londres (Ibitimes.co.uk)
  • El St. Helens Town, primer equipo de Trautmann, vestido de portero
  • Eric Westwood, el capitñan del City, saluda al nuevo fichaje
  • Dos compañeros ayudan y abrazan a Trautmann el día que acabó la final de la FA Cup con una vértebra rota.

 

 

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