Sé fuerte, Mariano

No hay sismógrafo más preciso que la rapidez de acción de la UE y de señores con traje. Hace un par de días, la UE pidió celeridad en la construcción del gobierno, y ayer, Gay de Montellà se mostró muy preocupado por la posible inestabilidad política. Sí, el 20D hubo un pequeño terremoto, y nada preocupa más a los hombres de negro que encontrarse en La Moncloa a un fantoche ejecutivo que no responda a sus hilos invisibles con la docilidad de siempre.

Ante tal panorama, Albert Rivera ha salido esta mañana a ofrecer un pacto de legislatura al PP y al PSOE para acordar reformas durante la próxima legislatura y conseguir la sacra estabilidad. La duda es saber si tal estabilidad solo atañe a los amigos bursátiles o si aquello de reformar el país también incluye a los ciudadanos.

La propuesta de Rivera dice mucho de él y de lo que son sus ideas políticas. Se llenó la boca de luchar contra la corrupción y lo primero que propone tras incumplir las expectativas electorales es enarbolar la bandera del equilibrio institucional sirviendo el Gobierno al PP. Permitir que los dos partidos que se han repartido el pastel legislatura sí, legislatura también, sigan picoteando como siempre; con la excepción de que ahora quizás caigan algunas migas, quizás trozos, para los nuevos amigos de naranja.

Algunos analistas observaron la posibilidad que PP y PSOE pactaran un gobierno transversal, al estilo alemán. Los números saldrían y no habría gobierno más plural que un ejecutivo formado por distintos colores. El problema es que actualmente esta fórmula sería la constatación de que PP y PSOE tienen intereses ocultos más allá de la política y que lo de gobernar sería solo la cortina que esconde un submundo opaco. La presencia de Ciudadanos es la vuelta de tuerca perfecta para justificar un gobierno sólido y transversal, y que la música siga sonando.

Uno imagina el estado de Mariano Rajoy la noche electoral, calculadora en mano, haciendo números matemáticos para mantener el gobierno. Sin duda, el subidón podemita y el aguante socialista permitió pensar en un inverosímil vuelco de izquierdas sostenido por los pluranacionales. Pero entonces llegó el mensaje de Rivera al teléfono de Rajoy. “Sé fuerte, Mariano”. Y Mariano respiró.

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