El Ipswich Town también fue un grande

Hubo un tiempo en que el futbol no era cosa de ricos. En que el balón no entraba según el tamaño de la cuenta bancaria sino por el empuje de once jugadores sobre el césped y miles de voces desgarradas desde las gradas. El fútbol se adaptó perfectamente a los nuevos tiempos, a la globalización del planeta. Los ricos, son muy ricos; los pobres, son más pobres.

La actual Champions League es un buen ejemplo de ello. Trece equipos continentales se repartieron las semifinales de las últimas ocho ediciones; un bagaje escaso comparado con los veinte clubes que llegaron a la penúltima ronda en las ocho iniciales. El dato se explica porque el formato antiguo solamente invitaba al campeón de cada liga nacional y al defensor del título, algo que las elites del futbol se empeñaron en cambiar en nombre del espectáculo.  Por una parte, el Real Madrid, por ejemplo, ha disputado el acceso a la final continental las últimas cinco temporadas con tan solo una Liga a las espaldas; pero también es cierto que no hubo más desinterés por una final de Champions que en la de 2003 entre Mónaco y Oporto.

La machada de monegascos y portugueses es algo difícilmente repetible en nuestros tiempos, pero tuvo sus precedentes en la competición inicial. Equipos escoceses como el Hibernian o el Dundee; o suizos, caso del Young Boys o el Zurich, llegaron a semifinales en cuatro de las diez primeras ediciones de la Copa de Europa. Años más tarde les superaron el Malmö sueco y el Saint-Étienne francés, capaces de plantarse a la gran final a finales de los 70. Los nórdicos perdieron ante un Nottingham Forest que no solo jugaba en la Second Division inglesa dos años antes, sino que mantendría el cetro europeo al año siguiente. Eran tiempos en que a lo imposible se le cantaban epopeyas y proezas, donde no llegaban ni jeques, ni yates ni petróleo.

Otro equipo inglés rompió las redes del poder e igualó a principios de los 60 un récord establecido en septiembre de 1956 por el todopoderoso Manchester United en la Copa de Europa. Eran los inicios de Bobby Charlton con los Busby Babes, y los red devils consiguieron la victoria más amplia de la competición europea contra el Anderlecht (10-0) en la ronda previa. Aquella misma temporada un ex jugador internacional llamado Alfred Ramsey empezaba su segunda temporada como técnico en el modesto Ipswich Town, un club del este de Inglaterra que se batía en la Third Division desde su admisión en 1938 y que contaba con un fracasado paso por la Second Division el curso 54-55 como hito histórico.

Mientras la prensa inglesa fantaseaba[1] ante las posibilidades del United para conquistar el primer trébol de la historia – finalmente cayó contra el Real Madrid en la semifinal europea y el Aston Villa le venció en la final de la FA Cup –, nadie sabía del sudor de Ramsey para mantenerse en cabeza de su división. A falta de siete jornadas, el Ipswich era tercero a seis puntos del liderato, todo un mundo con las victorias pagadas a dos puntos. Pero una increíble racha posterior de cinco victorias consecutivas y un empate permitieron a los blues llegar a la última jornada con opciones al título. Los de Ramsey eran segundos, a un solo punto del Torquay. Solo el empuje y la constancia de un equipo ajeno a toda lógica permitieron que el sueño del ascenso no se esfumara antes de tiempo.

En el partido final, el Ipswich visitaba el campo del Southampton, cuarto; mientras que el Torquay viajaba hasta Selhurst Park para enfrentarse a un Crystal Palace hundido en la clasificación. Todo salió como debía incluso con el calendario en contra para que la brillante historia del Ipswich Town tuviera su primer gran episodio desde la Third Division. El líder empató (1-1) y los de Ramsey vencieron 0-2. El título y el anhelado ascenso volaron hacia Portman Road.

Aquel éxito embrionario tuvo su continuidad durante los siguientes tres años. El club de Suffolk no solo no tuvo excesivos problemas para mantenerse en la Second Division, sino que en su cuarta temporada en la categoría tocó el cielo del ascenso una jornada antes de la conclusión del campeonato. Por aquel entonces el club ya había incorporado jugadores clave como Reg Pickett, Andy Nelson, Billy Baxter o el goleador Ray Crawford, que junto a Ted Phillips formó una temible dupla ofensiva.

La historia del Ipswich Town tomó dimensiones épicas en su debut en la máxima categoría. Ningún medio tuvo en cuenta la progresión de los Tractor Boys y el inicio del equipo fue ciertamente irregular. Un solo empate tras las primeras tres jornadas era un bagaje lógico para un equipo que al fin y al cabo solamente había incorporado Doug Moran, el máximo goleador de la segunda división escocesa, y que subsistía con un bloque construido por menos de 30.000 libras[2].

Con una plantilla tan inexperta, Alf Ramsey simplificó el juego del equipo, inspirado en el Push and Run[2]que aprendió como jugador en el Tottenham de Arthur Rowe y que ya permitió a los Spurs vencer la First Division en 1951 tras ascender la temporada anterior. De este modo minimizaba los errores técnicos propios de sus jugadores. Además, el técnico reubicó a Roy Stephenson y al escocés Jimmy Leadbetter a posiciones más retrasadas para surtir de balones a sus goleadores. Fue el preludio del Wingless Wonder que Ramsey glorificaría años después con Martin Peters y Allan Ball en un rol similar con la selección nacional del Mundial de 1966. El propio entrenador sabía de la importancia del perfil de sus jugadores y para la historia quedó una frase cuando se refirió a Leadbetter: “Sí, era escocés, pero le debo mucho[3].

Las dudas iniciales de los blues se disiparon y llegaron los buenos resultados. Un espectacular 6-2 contra el Burnley en la cuarta jornada fue la mecha que hizo explotar al equipo con cuatro victorias consecutivas. Los de Lancashire habían sido los campeones dos años atrás y aquella victoria fue el preludio de la transformación que se aventuraba. Al final de la primera vuelta, el Ipswich ya era tercero, a cinco puntos precisamente del Burnley.

Los chicos de Ramsey tuvieron un par de circunstancias favorables durante aquella liga. Por una parte, el rendimiento variable de sus principales rivales: el campeonato finalizaría con la quinta peor puntuación desde la recuperación de la competición tras la Segunda Guerra Mundial, lo que permitió que el equipo pinchara sin caer de la zona noble. La otra la contaría el propio John Elsworthy, un centrocampista que ya estaba en el club antes de la llegada del propio Ramsey y que sería un fijo en las alineaciones: “Parte de nuestro éxito residió en que tuvimos muy pocas lesiones. Solo usamos 16 jugadores y cinco de ellos jugaron en cinco o menos partidos[4].

La marcha del increíble Town fue ascendente y consiguió la cuarta mejor segunda vuelta desde la guerra; y ya fuere por el exceso de confianza, la tensión, o simplemente por el aura mágica que acompañó al proyecto de Alf Ramsey durante aquellos maravillosos cinco años, el líder empezó a perder partidos donde no debía.  A falta de un encuentro el Ipswich abordó la primera plaza,  y en el partido definitivo contra el Aston Villa en casa, el equipo se encontró con la misma situación que en aquella no tan lejana tarde de 1957. Debía de ganar y esperar que el Burnley no lo hiciera.

El 28 de abril de 1962 Portman Road enloqueció con los dos goles de Ray Crawford (2-0) a los villanos, decisivos para alcanzar el trofeo de máximo goleador y hacer campeón  a su equipo tras la confirmación del empate del Burnley contra el Chelsea (1-1) aquella misma tarde.  La First Division fue testimonio de la revolución de Alfred Ramsey y su Ipswich Town, que en un lustro consiguió romper los barrotes de toda lógica y acceder al templo de los campeones: la Copa de Europa.

Fue en el torneo continental de la temporada siguiente donde el Ipswich igualó aquel record alcanzado por el Manchester United años atrás, al vencer en la ronda previa al Floriana (10-0) con cinco tantos de Crawford, que se convertiría en el primer jugador del equipo en ser seleccionado para el equipo nacional. Aquella goleada se mantuvo insuperable hasta que en octubre de 1973 el Dinamo de Bucaresti arrasó al Crusaders de Belfast (11-0).

En poco más de un lustro los blues habían pasado de jugar en tercera división a igualar la mayor goleada de la historia del máximo torneo continental, pero el hito europeo no tuvo continuidad ni en la siguiente ronda ni en la liga. El Milan, campeón de aquella edición contra el Benfica de Eusebio, no tuvo piedad en octavos de final; y el rendimiento en Inglaterra fue tan pobre que el equipo estuvo realmente cerca del descenso.  Por aquel entonces Ramsey ya había sido nombrado seleccionador nacional a pesar de seguir en el cargo, pero el equipo ya no sería el mismo y entraría en una fase de descomposición que le llevó de nuevo a la Second Division al año siguiente.  “Fue difícil concentrarse en el fútbol con tanto alboroto[5], reconocería el propio Leadbetter.

El técnico se convertiría en héroe nacional tras conseguir la primera victoria de los Three Lions en el Campeonato del Mundo que se celebró en las Islas en 1966, y fue nombrado Sir al año siguiente por “sus servicios al futbol”. Fue seleccionador hasta el 1974, y tras unos años, se estableció definitivamente en Ipswich, donde fue una auténtica reverencia, hasta su muerte.

El equipo de su vida recuperó las viejas alegrías a principios de los 80 de la mano de Sir Bobby Robson al ganar una copa de la UEFA y actualmente ocupa la zona media de la Championship, la segunda división inglesa.

Probablemente nunca más recobrará el sentido máximo de la gloria, pero siempre podrá recordar que hubo una época que simplemente fue imparable. Aquellos eran otros tiempos. Los tiempos en que el Ipswich Town también fue un grande.

[1] La portada del Evening Chronicle del 5 de marzo de 1957 tituló un elocuente “La Triple Corono puede ser vuestra, United!”

[2] BOWLER, DAVE. Winning Isn’t Everything: A Biography of Sir Alf Ramsey (1999). Orion  

[3] SMITH, AIDAN. Bairn winner: Doug Moran recalls Scottish Cup goal. (11/10/2015). www.Scotsman.com

[4] BEST, GEORGE. Hard Tackles and Dirty Baths. (2005).  Ebury Press

[5] BOWLER, DAVE. Winning Isn’t Everything: A Biography of Sir Alf Ramsey (1999). Orion

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