Una pitada para recordar

A veces me pregunto si para obtener un cargo político o institucional, antes se ha tenido que demostrar una capacidad de empatía estreñida. Y una anticipación escasa. Porque si no, lo que queda es confirmar las pocas luces de tantos dirigentes. El último en opositar para el absurdo fue Miguel Cardenal, que se apresuró a presentar honores al Estado a base de amenazas y advertencias: “habrá sanciones si se pita el himno”.

Póngase bien los algodoncillos, Excel·lentísimo, porque la orgía sonora que el Camp Nou dedicará a la Marcha Real llevará su nombre. Si los precedentes vaticinaban la movida de cada año, sus entusiastas recomendaciones lograrán secretar, aún más, los andrógenos reservados para España.

Y, ¡oh!, votante Popular y Ciudadano, no se exalte antes de tiempo. No hablo de su España, sino de la nuestra. De la que hace demasiado que deriva las realidades nacionales del país a setze jutges d’una Audiencia que que mengen fetges Nacionals, la que normaliza españolizar Catalunya, la que no, que no, que no nos representa, y la que, al fin y al cabo, investiga nuestro President por jugar a la democracia con más coherencia que ella. ¿Es que, descendientes de Adán, no recuerdan la atracción de la tentación, de caer en el pecado? El #9N estaba prohibido, nos dijeron. Así que dos millones y medio mordimos la manzana. Y lujuriosos lo hicimos, por cierto. ¿De veras no saben qué pasará en el Camp Nou después de sus advertencias? Nos escuchará incluso el Padre, allí donde sea abrazado por Corinna.

Nadie debe actuar para humillar los sentimientos de tantos españoles que aman su himno tanto o más que un catalán Els Segadors, sino para devolver, con los pocos medios que tenemos, las  afrentas recibidas día sí día también. La pitada apunta arriba, más arriba que España entera, a los despachos opulentos de Madrid; tan cercanos, a la vez que tan alejados de los mismos madrileños que tanto pueden indignarse. Si levantan la cabeza, los verán allí, brindando en corbata y pensando en singular. Son la verdadera a manzana podrida. Que no les confundan.

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2 thoughts on “Una pitada para recordar

    • La gran diferencia es que en Madrid nadie hará escuchar Els Segadors, ni que el himno será un símbolo de un Estado que quiere imponer su manera de entender la vida. El día que el Valle de Arán quiera separarse de Catalunya, y la Generalitat persiga a su presidente por poner las urnas, entonces, ningún aranés querrá saber nada ni de Els Segadors ni de las cuatro barras ni de la butifarra. Será su manera de reclamar una imposición.

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