Munir: entre Diego Costa y Bojan

Dijo Munir el Haddadi que cuando supo que Del Bosque le convocaba para el partido clasificatorio ante Macedonia se quedó con la boca abierta. Y no es para menos teniendo en cuenta todo lo que le está ocurriendo a este joven madrileño de padres marroquíes.

Desde que Luis Enrique encontró en este jugador el perfil de atacante que estaba buscando, las cosas no podrían haber ido mejor, ni más deprisa. La llamada con la absoluta es la última etapa de una carrera que parece desarrollarse a exceso de velocidad. Y no por sus capacidades, innegables, sino por la necesidad de tomar decisiones definitivas en un período tan corto de tiempo. Es sencillo: si el seleccionador decide hacerle jugar unos minutos en el Ciutat de Valecia, el futuro internacional de este jugador quedará ligado eternamente al porvenir futbolístico español. Defender los colores de Marruecos sería un imposible.

Todos hablan del potencial del atacante y reviven su gol en la UEFA Youth League como carta de presentación, pero nadie puede asegurar que su futuro sea tan brillante como su presente. Si algo le falta al fútbol es memoria, y su participación ante Macedonia hipotecaría una posible carrera internacional más modesta, pero  igualmente necesaria para su desarrollo y experiencia profesional.

España es una fuente de grandes talentos, y conseguir un hueco en la selección es algo de que pocos pueden pesumir. Delanteros reputados como Soldado, Negredo o Llorente son algunos ejemplos que no tuvieron excesiva continuidad en sus apariciones internacionales, por lo que la renuncia automática de Munir a Marruecos tiene doble lectura: o su confianza en sí mismo es extraordinaria, o alguien de su entorno no ha sabido decirle que con el futuro no se juega.

Uno nunca sabe si es preferible ser cabeza de ratón o cola de león, pero la precipitada convocatoria de Munir responde únicamente a intereses federativos: que el futuro de Munir, triunfante o fallido, vista rojigualdo. Los mismos que hoy elogian al joven delantero serán los mismos que le criticarán mañana, y cuando eso ocurra, nadie de la Federación velará por sus intereses personales. Quizá por eso la paciencia es un valor tan escaso como preciado en el mundo del fútbol.

Si Munir se convierte en cisne, España volverá a llamarle por necesidad; pero si acaba en patito feo, quizás Marruecos siga apreciando su plumaje. Diego Costa y Bojan son la cara y la cruz de la voluntad federativa. Que el futuro de Munir no pague el nocivo lisonjero del presente.

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