Gerard Deulofeu: entre Thiago Alcántara y Gai Assulin

Que Deulofeu va para crack lo sabe todo el mundo. Que Luis Enrique no está por tonterías, también. El jugador catalán ha sido presentado hoy como nuevo jugador sevillista, donde llega cedido para esta temporada. Su etapa en el primer equipo catalán ha durado menos de dos meses.

El catalán tiene tanto talento como ego, el elemento que de momento está retrasando la tan esperada explosión definitiva en la élite. Porque no puede ser otra cosa que narcisismo deportivo lo que impide a un jugador recuperar la posición, presionar con intensidad o simplemente respetar la decisión del entrenador en una sustitución.

Éste es uno de los grandes problemas de tantos jóvenes talentosos, incapaces de complementar su calidad con esfuerzo y sacrificio, acostumbrados a ser señalados como astros antes de tiempo, sobresalientes en las etapas de formación y diluidos en la cima del éxito. Deulofeu es como el niño superdotado de una escuela; brillante en sus resultados académicos de Primaria pero incapaz de encontrar diferentes estrategias para alcanzar la excelencia en cursos superiores. El canterano es el alumno que no necesitaba estudiar en Primaria, que aprobó cómodamente el instituto pero que es incapaz de afrontar los exámenes de la universidad con garantías. Hay un momento que el talento no es suficiente. Y el primer equipo del FC Barcelona es el Harvard del fútbol. Ser muy bueno, no basta.

Nadie sabe como le sentará la cesión al gerundense, pero es muy probable que Deulofeu se sienta el jugador más talentoso del Sevilla, algo que ni mucho menos beneficiaría a su crecimiento como persona y jugador. Únicamente el consumido Reyes podría ensombrecer la individualidad de Gerard, y el andaluz no sería precisamente el modelo a seguir. Las cesiones son como un melón: buena pinta sin conocer el contenido.

Más allá de los beneficios que se pueden presuponer de su paso por Nervión, hay un precedente parecido al caso Deulofeu que permite ser optimista. Si hubo alguien que puso de los nervios a los aficionados del Mini, a Eusebio y al propio Guardiola fue Thiago Alcántara. Más allá de sus increíble cualidades y exhibiciones, el actual jugador del Bayern mostró unos aires de grandeza superlativos en la última etapa en el filial, exhibiendo una pasividad defensiva y una tendencia para el vedetismo alarmantes. El técnico de Santpedor le puso las pilas en el primer equipo y el centrocampista se olvidó de las filigranas innecesarias para convertirse en el motor del actual Bayern de Munich durante media temporada pasada.

Gerard Deulofeu tiene elección: Convertirse en Thiago o ser otro Gai Assulin.

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