Mascherano: Más allá de la cancha

Pocos jugadores muestran la realidad de una manera tan clarividente como el argentino. Consciente de sus límites, su discurso sincero y autocrítico se aleja de los tópicos habituales de los deportistas. milan-tricky-opponents-mascherano

“El gol es un error mío. Uno más, y van varios…”. Con un hilo de voz uniforme y la mirada perdida, Javier Mascherano reconocía su fallo en el primer y decisivo gol del Milan. Corría el minuto diez de la primera parte y un rechace tibio del argentino permitía a Robinho hacerse con el balón para iniciar la jugada del tanto después de una exquisita pared con Kaká. 

No es la primera vez que ocurre desde que llegó a Barcelona. Ni será la última. Su problema es que a diferencia de otros jugadores, el ex de River es una rara avis en la profesión.  Como en el campo, ante los micrófonos habla claro y directo y no se esconde en las habituales frases vacías del mundo del futbol. Si hay reconocer un fallo, se hace. Como ante el Milan.

Llegó a Barcelona a finales del verano de 2010 procedente del Liverpool como uno de los mejores pivotes defensivos. En su primera comparecencia rindió tributo a la plantilla azulgrana: “Sería un necio si pensara que voy a jugarlo todo”, dijo. Y realmente no jugó mucho… en el mediocampo. Masche descubrió las dificultades para jugar en la zona de creación catalana y se sintió incómodo e improductivo al lado de jugadores como Xavi o Iniesta. “Tengo que aprender”, reconoció. Tampoco le hizo falta.  

Guardiola descubrió en el argentino a un expeditivo central capaz de cubrir las numerosas bajas defensivas del equipo. Lejos del arquetipo de defensa contundente y tradicional, su velocidad, entusiasmo y disciplina táctica se adaptaron perfectamente a las necesidades azulgranas en la retaguardia, siempre amenazada por los contraataques rivales.  Ahí sigue, a pesar de sus autoflagelaciones públicas.

Su importancia fue in crescendo hasta convertirse en imprescindible, sobre todo tras su partido ante el Arsenal en el Camp Nou donde en los últimos minutos interceptó, jugándose el tipo a ras de suelo, un remate de Bendtner que clasificaba a los de Wenger. Un par de meses después, el Barcelona tocaría el cielo en Wembley con Mascherano de titular y Abidal levantando la orejuda tras un precioso gesto de Puyol.

Pero no todo serían alegrías. Mascherano degustó el sabor de la frustración al inicio del curso pasado. Con la temporada aún calentando motores, regaló un gol decisivo a Higuaín en la Supercopa de España en una jugada similar a la del Milan. Desde entonces, el neófito central empezó a mostrar dudas como zaguero y fallos impropios de un jugador de su categoría. Impreciso y descolocado, generó desconfianza a todos aquellos aficionados que veían en él al perfecto sustituto de Puyol. Siguió mostrando en la cancha el  ímpetu y honor irrenunciable que le distingue, pero su cabeza le podía. El gol de Higuaín le recordaba continuamente que él no había nacido para ser el último jugador, que cualquier fallo en la defensa era definitivo y que, por qué no negarlo, en la plantilla había otros jugadores mejor dotados que él para mandar la defensa.

Probablemente la escasa experiencia  que Mascherano tenía como central antes de su llegada al Barcelona es la responsable de la frágil autoconfianza que el argentino a veces desprende como defensa. Aterrizado como centrocampista estrella, su prestación es igual o mejor desde la retaguardia, pero su convencimiento de que nunca será el mejor central del mundo convierte a Mascherano en el peor crítico de sí mismo. Su altísima responsabilidad con el colectivo conlleva episodios como el de la temporada pasada, cuando su recuperación anímica no fue rápida, o como el de sus declaraciones tras el partido de San Siro.

El Tata confía tanto en el Jefecito que incluso le puso de inicio después de un mes de inactividad y dejó en el banquillo la fantástica evolución de Bartra. Tendrá que estar atento Martino si no quiere que la exigencia de su compatriota pese en su rendimiento en los próximos partidos. Ya lo dijo Guardiola en su día: tener a Mascherano no tiene precio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s