La generosidad del Tata

Sus palabras y discurso prudente siguen la línea de sus predecesores en el banquillo. Martino no alardea de éxitos, y esto, en Barcelona, gusta.

Martino

“Este equipo lleva años superando récords, lo mío es circunstancial”. La frase pertenece a  Gerardo Martino después de conseguir el mejor arranque de la historia del FC Barcelona en la Liga tras la séptima jornada.  En un club fundado en el siglo XIX, cualquier récord merece todo su reconocimiento y Martino, dadivoso, decidió regalar el mérito a los jugadores y al pasado reciente de la entidad. Desde Tito a Rijkaard, pasando obviamente por Guardiola.

No es nueva la generosidad en el banquillo catalán. Entrenar una plantilla como la azulgrana es un lujo y sus inquilinos lo saben. Seguramente Frank Rijkaard fue el pionero en la época reciente de la entidad. Su carácter afable y tranquilo, lejos de los aspavientos de Van Gaal o la egolatría de Cruyff, caló en el vestuario y entre los aficionados. Incluso la prensa, tan crítica con él en sus inicios, cayó rendida a los silencios y educación del holandés.  Para siempre será recordada su reverencia pública a los jugadores en plena fiesta de celebración de Liga en el Camp Nou el año del doblete. Su incapacidad para reconducir la “autogestión” de un vestuario acomodado le hundió dos años después de tocar el cielo, y después de dar la cara en el Clásico del pasillo, se fue con la misma naturalidad que llegó.

Su puesto lo ocupó un joven Guardiola aún con pelo, derrochando ilusión y carácter. En sus primeras palabras como técnico azulgrana echó a Eto’o y Ronaldinho, y sus ruedas de prensa durante sus cuatro años en el banquillo se convirtieron en clases de retórica en un mundo donde las declaraciones y comentarios de los protagonistas rozan el encefalograma plano. Después de ganar el Mundial de Clubes en 2009 y convertirse en el primer entrenador en ganar los seis títulos posibles en un año, agradeció a los jugadores todos los momentos regalados, algo que repetiría al llevar a su equipo a su segunda final de Champions después de derrotar al Madrid. Su “gratitud infinita”, contrastaba con el estilo de su máximo rival, José Mourinho, quién llegó a la capital ninguneando a Pedro León y se fue embistiendo la frustración de  Pepe. Estilos opuestos en busca de la misma gloria.

A medida que  Pep postergaba su anuncio de si continuaba un año más en Barcelona, la afición se intranquilizaba al imaginar un equipo sin él, como así sería. Su entrenador, convertido ya en una especie de guía espiritual, traspasó todas las fronteras del fútbol y el deporte, hasta el punto de recibir la Medalla de Honor del Parlamento de Cataluña, en cuya recepción volvió a acordarse de la “suerte de entrenar a sus jugadores”. El catalán se convirtió en un icono global de liderazgo y dirección de equipos, cuyo método empezó a ser estudiado y analizado al detalle.

Vilanova cogió el testigo de su compañero, cuya amistad quedaría maltrecha con el paso del tiempo. Su estilo, mucho más directo y sencillo, no encandilaba tanto como el de su predecesor, pero su naturalidad le sirvió para ganarse al entorno. Nunca buscó la comparación con Guardiola, lo que el barcelonismo agradeció, incluso cuando pudo reivindicarse al conseguir la mayor puntuación en la historia de La Liga. En la celebración del título, no dudó en afirmar que los jugadores no “os dejarán de hacer disfrutar”.

Es una realidad que los últimos responsables de ganar o perder son los jugadores, pero el espejo del equipo siempre será su entrenador, quién aparece ante la prensa hasta en cuatro ocasiones por semana. Su actitud, discurso y educación es la imagen que el club muestra al exterior, y haber contado con la corrección que los últimos entrenadores del club han mostrado, es un lujo para el equipo y los aficionados. Martino, en la misma línea, ha conseguido que el aficionado le tenga en buena consideración más allá de sus variantes tácticas. Sus palabras templadas ante los micrófonos y los elogios dirigidos a los iconos barcelonistas más recientes invitan a pensar que el banquillo del Barcelona vuelve a estar en buenas manos. El Tata también es generoso.

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