La (r)evolución del Barça de Martino

Con la llegada de Martino, el Barcelona ha introducido unas variantes tácticas poco vistas en el Camp Nou durante los últimos años. A pesar de mantener el sello distintivo en el buen trato al balón, el técnico quiere modificar algunos aspectos ofensivos.

Martino_Neymar

Vino sin avisar, casi sin querer, cuando nadie le esperaba. Gerardo Martino aterrizó a finales de julio en el FC Barcelona para sustituir a Tito Vilanova, en plena recuperación de su enfermedad, para hacerse cargo de una de las naves más exigentes del fútbol europeo.

Consciente de su quimérica tarea, su discurso sensato caló más que su bagaje y experiencia como entrenador. Quería recuperar aquello que hizo grande al conjunto catalán: presión, presión y más presión. Además, contaba con la cálida bienvenida del mejor activo del club; Lionel Messi. “Me gusta el Tata”, dijo. Barcelona entera respiró tranquila.

La pretemporada, construida para los intereses comerciales del club más que para preparar el curso, fue atípica en todos los sentidos. Los rivales eran de tan bajo nivel que no eran ninguna prueba para calibrar el estado de los jugadores ni valorar las aportaciones del Tata. Goleada tras goleada con la ansiedad mediática de convertir a Messi y Neymar en la mejor pareja de baile cuando ni habían coincidido en la hierba, el equipo se encontró enfrente al primer choque liguero. La era Martino empezó con una orgía de 7 goles al Levante, traducidos en grandes titulares, predicciones fastuosas y divinas profecías. El Barça ha vuelto, decían.

Pero el fútbol no entiende de paciencia ni plazos. En los siguientes partidos no se vio a la apisonadora azulgrana tal como marcaban los pronósticos, y las dudas de finales de julio reaparecieron a pesar de las victorias. El sello de Gerardo Martino es cada vez más visible día tras días, y como cada nuevo proyecto, se necesita un tiempo de adaptación, corrección y ejecución.

El título de Liga conseguido por el Barcelona la temporada pasado escondió unas carencias que llevaron al equipo a sucumbir estrepitosamente frente al Bayern en la pasada Champions y a mostrar la cara menos efectiva ante los rivales de más entidad en Europa. A pesar de los 100 puntos en el torneo regular, el hambre de victoria de los jugadores empezó a diluirse después de cinco años gloriosos, y con él, el sello distintivo de su juego: la rapidez de pase, movilidad y la presión defensiva. El técnico de Rosario, consciente de las necesidades del equipo, ha introducido una serie de conceptos que la plantilla va asimilando poco a poco.

A nivel defensivo quiere recuperar la presión de los delanteros a la hora de hacerse con el balón. De esta manera se consigue recuperar el esférico más cerca del área, conllevar el error técnico del contrario, y liberar el mediocampo de todo el peso defensivo. El Tata también ha vuelto al marcaje individual en defensas a balón parado, y parece que el equipo se siente más seguro, a pesar del gol de Postiga a la salida de un córner en la última jornada.

Lo que más llama la atención en esta temporada es la verticalidad con la que el equipo afronta muchas de las jugadas de ataque. A diferencia de Pep y Vilanova, donde el equipo únicamente buscaba la construcción de las jugadas a través de los pases, Martino quiere dotar el conjunto de variantes ofensivas. Con ellas, el equipo pretende sorprender las cerradas y pegajosas tácticas contrarias, habituadas a sobrepoblar el mediocampo para anular el toque catalán. No obstante, el equipo aún no ha encontrado el equilibrio y muchas veces tiende a la precipitación. Lo mismo pasa con los cambios de orientación de banda a banda, poco usuales en las últimas temporadas, que provocan pérdidas de balón y el rechace aéreo de la defensa.

El papel de los extremos también es diferente. Si estos años buscaban el juego asociativo con Messi o el delantero en cuestión, con Martino están mucho más fijados a la cal. Así se quiere facilitar la llegada de los volantes y laterales ya sean Xavi, Iniesta, Alves o Alba, pero en el momento que no hay profundidad o las líneas están demasiado separadas, los delanteros se encuentran solos y se vuelven más inofensivos. En este inicio de temporada, la soledad de Cesc en algunos partidos es el mejor ejemplo.

No hay por qué temer que el Barcelona no pueda recuperar el brillo de antaño. El equipo está actualmente en el taller, y a pesar de las reparaciones del Paracaidista, como se autodenominó con acierto Martino, sigue ganando. La obsesión en recuperar la motivación de una plantilla algo acomodada es el primer paso, y cambiar un estilo conocidísimo y estudiado por todos los rivales puede devolver la alegría en el juego. La versión 3.0 del FC Barcelona está en marcha, y aunque las piezas sean muy delicadas, Martino está en camino de conseguir su propia (r)evolución. Démosle su tiempo.

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