Armstrong y el Tour: lo que nunca existió

Después de lo que se vivió el pasado lunes, cuando la UCI noqueó a Lance Armstrong quitándole sus victorias en el Tour a partir del informe de la USADA, hay que reconocer que la resaca ha sido relativamente dócil.

El trago que McQuaid nos ofreció, pidiendo que se olvidara al americano y catalogándole de “mentira”, era de alta graduación y potencialmente explosivo, pero a pesar de algunas reacciones concretas, la efervescencia ha disminuido con el paso de los días.

Había expectación para ver qué se comentaba durante la presentación del Tour, otrora “Le Tour de Lance, y si bien se especuló que no habría palabras al respecto, finalmente el director general del Tour, Christian Prudhomme reconoció la evolución de la lucha contra el dopaje y pidió en la misma línea más implicación a los equipos.

Pero, ¿y del resto? Vimos a las estrellas del pelotón empatizar, reafirmar o callar, pero nada sabemos de manera cierta del propio Armstrong. Únicamente modificó su perfil de Twitter, donde se presentaba como séptuple ganador de la ronda gala, y que evidentemente levantó comentarios por la red.

Los medios hicieron cábalas y diferentes interpretaciones, lo que llevó a titulares contradictorios en el mismo espacio de tiempo. Algunos ya anunciaban recursos al TAS, mientras que otros veían al de Austin entregado

Lo que personalmente no esperaba era que el propio Tour, quien pidió dejar en blanco el palmarés de la carrera de las consabidas ediciones, también se quitara de encima toda la historia de aquellos años.

Paseando por la web oficial, www.letour.fr,  quería comprobar unos datos relacionados con la “otra” carrera del centenario, la de 2003, y mi sorpresa fue que según el portal, simplemente no existió. Como tampoco hay informaciones desde 1999 hasta 2005.

¿Así de fácil? Esconder los archivos de aquellos años es basarse en el “ojos que no ven, corazón que no siente” tan habitual en aquellos que no se atreven a introspeccionar su propia existencia ni dominar su propio destino

Evidentemente que el shock de aceptar que el mito de aquellos años se dopó conlleva una cierta pérdida de orientación, pero eliminar cualquier aire o perfume de todo lo que rodeó aquellos años es ningunear el resto de participantes y a los aficionados al ciclismo. Y nadie se lo merece.

La verdad nos dolió, y mucho. Pero como también hubo vida después del 98, el ciclismo seguirá rodando a pesar del terremoto Armstrong.

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